ECUADOR DE PIE
 

22/04/2010 | 02:52

No solo fue Guayaquil, porque millares de los que caminaron por la 9 de Octubre, son nacidos en otras ciudades del Ecuador; no solo fue Guayaquil, porque millones de ecuatorianos respaldaban desde todos los rincones del pa�s, mirando por la tv, la apote�sica marcha contra el Gobierno; fue la tarde en que toda una Rep�blica exigi� de pie, como lo hacen los pueblos altivos y no de rodillas como acostumbran los sumisos, el respeto a las libertades y a la democracia por parte de un Presidente, que como verdadero fugitivo, abordaba un avi�n a la misma hora de la manifestaci�n y viajaba a Cuba a operarse una rodilla, seguramente doblegada de tanto inclinarla ante Castro y Ch�vez, los ide�logos y ejecutores de una revoluci�n fracasada, llamada Socialismo del Siglo XXI.

El pueblo del Ecuador le pidi� la renuncia al Presidente. El ensordecedor grito �que se quede en Cuba� as� lo revela. Era una ilusi�n que ocurra lo que sucedi� con Fujimori cuando un buen d�a se fue a Tokio y desde all� mand� la dimisi�n al cargo de Presidente del Per�. Es que el pueblo ecuatoriano ya no cree en m�s en arrepentimientos y falsas promesas; por el contrario est� convencido que radicalizar� m�s su pol�tica socialista, aquella de suprimir libertades fundamentales como la de expresi�n o informaci�n, oprimir� con mayor agresividad al sector productivo, a trav�s del Sistema de Rentas Internas, un ramal de la Gestapo Corre�sta, conllevando aquello a m�s p�rdida de empleo, cuyo lamentable �ndice creci� y se dispar� al 9% o de impulsar mensajes positivos para la delincuencia como la evidente relaci�n de miembros de su Gobierno con la FARC, que explican el porqu� se facilitaba el ingreso de personas sin necesidad de los registros policiales en la frontera norte, el otorgamiento de amnist�as para �mulas� del narcotr�fico, la eliminaci�n de la detenci�n en firme para los presos sin sentencia que arroj� a miles de malhechores a las calles, el retiro del apoyo al control de la seguridad ciudadana por parte del Municipio de Guayaquil, que ha originado en el �ltimo a�o un incremento de hasta el 100% de asesinatos, sicariatos y robos violentos en el pa�s. Todo esto, enmarcado en un torpe, retr�grado, caduco e ineficiente esp�ritu centralista que quiere imperar sobre la econom�a social de mercado y que hoy a comenzado a concentrar las rentas y muchas competencias propias de los Municipios de ciudades grandes pero que apunta ma�ana a llevarse a trav�s de la expropiaci�n, disimulado disfraz de la confiscaci�n, las tierras y hasta las peque�as casas de los ciudadanos, como ocurri� hace pocos d�as en Caracas con Ch�vez.

Fue una mezcla inconmensurable de sentimientos; el fastidio por todo lo ocurrido en tres a�os de Gobierno que se consumieron; el temor por lo que venga en tres a�os que faltan por consumir; el coraje por lo que ocurre hoy. Ese halo intangible de miles, fue recogido y exteriorizado por uno, el Alcalde Nebot, cabeza de la oposici�n, no para desembocarlo en el R�o Guayas y que desaparezca diluido en su brisa, sino para que comience a recorrer como hurac�n toda la Rep�blica, penetrando nuestras impolutas monta�as, soplando y agitando las agrestes selvas , para que en un solo pu�o, todo un pueblo, regado en la costa, sierra, amazonia y regi�n insular, prolongue esta hist�rica reacci�n y prepare, en el marco de la Constituci�n y de la m�s resplandeciente democracia, la salida del Gobernante ignominioso. Para ello, no con armas ni revueltas que conlleven a la sedici�n y el golpismo, sino con frontalidad y decisi�n para pedir la renuncia como ocurri� en Guayaquil, pero si no lo quiere escuchar, entonces hay que prepararse y enrumbarse a botarlo con votos, a trav�s de una de las pocas cosas buenas que nos dej� la Asamblea de Montecristi, cual es la revocatoria del Mandato.







 
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